El cese del fuego de ETA irrumpe a un mes de las elecciones generales

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Por Cecilia Guardati Telam

El anuncio de “cese definitivo” de la actividad armada de ETA, a un mes de las elecciones generales del 20 de noviembre, irrumpe con consecuencias impredecibles en el escenario político de una España en crisis, que hasta hoy caminaba hacia una victoria aplastante del Partido Popular (PP) de Mariano Rajoy.

No es la primera vez que ETA irrumpe en una campaña electoral. Lo hizo en reiteradas ocasiones, la última el 7 de marzo de 2008 cuando asesinó al ex concejal socialista Isaías Carrasco.

La mayoría de las veces fueron atentados o secuestros, aunque también fue protagonista involuntaria, como en 2004, cuando el gobierno conservador de José María Aznar atribuyó inicialmente a ETA el atentado islamista del 11 de marzo en Atocha, una mentira que provocó un vuelco electoral a favor de los socialistas.

Sin embargo, en esta ocasión ETA irrumpe de una forma distinta ya que se compromete a abandonar para siempre la violencia, lo que sin duda tendrá un efecto en las urnas.

No es casual que la fecha elegida para el anuncio haya sido justo un mes antes de los comicios generales.

Las teorías conspirativas del ala más radical del conservador PP y los medios de la derecha intentan atribuir tal motivo a un acuerdo entre ETA y el gobierno del socialista José Luis Rodríguez Zapatero.

Pero el simbólico 20 de octubre responde, más que nada, a las propias necesidades del entorno político de ETA, la llamada izquierda abertzale (patriótica), y de todo el frente independentistas vasco.

“La violencia deformaba la realidad y una vez eliminando ese lastre va a ser posible poner en primera línea nuestras pretensiones políticas”, dijo a Télam Pello Urizar, secretario general de Eusko Alkartasuna (EA) y portavoz de la coalición de partidos soberanistas Bildu, al analizar las consecuencias de la declaración.

La primera consecuencia del anuncio de ETA en términos electorales es que allanó el camino para que la coalición Amaiur, integrada por Bildu, Aralar y representas de la “izquierda abertzale” -la ilegalizada Batasuna- concurra a las elecciones generales para llevar la “voz del independentismo” vasco al Congreso de Diputados de Madrid después de más de una década.

Desde su ilegalización en 2003 por ser considerada el brazo político de ETA, Batasuna vio como el gobierno español, a través de la justicia, vetaba cada uno de sus intentos por concurrir a las elecciones.

La proscripción de la izquierda abertzale se mantuvo incluso cuando, tras la ruptura de la tregua de 2006 y luego de un proceso de debate interno, este sector declarara públicamente que apostaba exclusivamente por las vías pacíficas y democráticas.

No obstante, persistieron hasta lograr imponer su posición a ETA, que debilitada por el acoso policial y aislada socialmente no tuvo más remedio que desistir en su lucha armada, que en medio siglo dejó 829 muertos.

El histórico resultado obtenido por Bildu en las pasadas elecciones municipales de mayo, cuando ETA caminaba hacia el final tras haber declarado un alto el fuego “general, permanente y verificable”, puede dar una idea de lo que sucederá en los comicios generales.

En el sector independentista creen que la ilusión de la sociedad vasca por el nuevo escenario sin ETA, se traducirá en una mayor participación.

Pero no parece que esto pueda tener un efecto “revulsivo” que produzca un giro en la actual relación de fuerzas entre los dos grandes partidos de España, el PSOE y el PP, que muestran una posición hoy muy similar respecto a ETA.

El problema del “terrorismo” ocupa en la actualidad la cuarta posición entre las preocupaciones de los españoles, más pendientes del drama de la desocupación, que afecta a casi 5 millones de ciudadanos, y del continuo deterioro de la situación económica de España.

Todas las encuestas apuntaban hasta hoy a un aplastante triunfo de Rajoy ante los socialistas, que sufrirían una debacle por su gestión de la crisis económica.

El comunicado de ETA probablemente beneficiará al PSOE ya que el candidato, Alfredo Pérez Rubalcaba, fue quien dirigió desde 2006 la lucha antiterrorista que debilitó a la organización separatista vasca hasta llevarla a la actual situación.

Aún así, la mayoría de los analistas no creen que produzca un giro, y tampoco lo espera el PP. El líder del PP vasco, Antonio Basagoiti, llegó a afirmar con anterioridad que ellos podrían capitalizar más votos si ETA desapareciera porque muchos vascos se atreverían a votarlos.

Por el contrario, el recién elegido candidato socialista a la presidencia de Francia, François Hollande, cree que el fin de ETA sería una gran victoria que permitirá a los socialistas dirigirse con orgullo a los electores españoles”.

Desde la ruptura del proceso negociador de 2006, Zapatero insiste en que no negociará con ETA, y lo mismo reiteró Rubalcaba, mientras Rajoy siempre rechazo el diálogo con la organización separatista.

Si bien durante el primer mandato de Zapatero el líder opositor boicoteó todo el tiempo la lucha antiterrorista, en la segunda legislatura Rajoy moderó su posición y dejó al ala más radical de su partido la labor de desgaste y las teorías conspirativas.

Prueba de ello es la reacción de Rajoy al anuncio de ETA, al calificarlo como una gran noticia y asegurar que se produjo sin que se hiciera ninguna concesión política”.

Los gestos de los próximos días en torno a la posibilidad de un diálogo serán claves y determinarán si la economía sigue pesando más que la inédita situación política.

Por Cecilia Guardati Telam

 

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