Adiós a Don Adolfo Fragoza

Ha partido Don Adolfo Raúl Fragoza, un amigo de largas inquietudes y de sueños compartidos. Un destacado vecino de San Antonio Oeste por todos respetado y reconocido. Un colector de historias y relatos de su pueblo natal y sus vicisitudes.

Un periodista cuando en aquellos años fundacionales pocos conocían el oficio y no se estudiaba en forma académica como hoy se acostumbra. Un hombre como otros tantos que dio gran parte de su vida a los ferrocarriles argentinos del sur, ganando muchos afectos y amigos.

Adolfo Fragoza fue un hombre siempre preocupado por el devenir histórico de San Antonio Oeste, de la pequeña reseña de sus fundadores, de sus personajes, de los patronos, de los hitos que dejaron su impronta de progreso, de los primeros pobladores, de los emprendimientos institucionales, de las anécdotas y del acontecer tan rico del ferrocarril, de las peripecias por la falta del agua. En síntesis un cronista entusiasta de su pueblo y de su gente.

Desempeñó importantes tareas en la Comisión Municipal de Estudios Históricos junto a otros vecinos de buena voluntad que como él creen que la pequeña historia de los pueblos debe perpetuarse para que sirva de ejemplo a las nuevas generaciones. Como lo fue don Héctor Izco, como lo es don Juan Carlos Irízar, compañeros de camino en eso de bucear en documentos y buscar asentar los recuerdos y las vivencias de los mayores que supieron con sus aciertos y sus errores ser protagonistas de la historia pueblerina. Para que ese venero tan rico no se pierda, o lo que es más grave aún se tergiverse.

“Adolfo Fragoza -dice la crónica- nació en San Antonio Oeste un 22 de mayo de 1926. Abrazó como hobby el periodismo de investigación realizando publicaciones para medios gráficos e interpretó el sentir de un pueblo a través de corresponsalías en medios radiales. Su labor como ferroviario desde 1942 hasta 1988 retirándose como coordinador de zona, permitió aún más conocer, sentir y vivir a su gente”.

En su interesante libro “Vivencias del Este” se puede leer la gentil dedicatoria que me hiciera oportunamente “Al maestro Jorge Castañeda, con afecto y augurios de sucesivos éxitos”. Sin duda no sabía don Adolfo que el “maestro” para mi fue él, como Elías Chucair y otros tantos que abrieron mis ojos a nuestra pequeña gran historia.

Seguramente quedan sus trabajos, entre ellos “Paralelas de acero” que cuenta la historia algo olvidada de los pioneros del ferrocarril.

Los amigos que se van, nunca se van del todo. Dejan un testimonio y una responsabilidad. Nuevas generaciones seguirán de alguna forma sus pasos. Es la ley de la vida.

En algún siempre estará su recuerdo y su bonhomía, acompañándonos como una estrellita más “desde el golfo más azul del continente”.

Jorge Castañeda