Polémica puertas adentro del diario Río Negro.

Fuente: elconjuro.blogspot.com – El jueves 28 la carta abierta de Beto Laría comenzó a circular en los  mails de amigos. Era una respuesta escrita desde el dolor de quien duela. Una respuesta a una periodista que había dado su opinión sobre la presunta debilidad de la presidenta Cristina Fernández pocas horas después de que ésta había perdido a su esposo. Un análisis profundamente misógino que, inclusive se dio a debate en foros de periodistas con perspectiva de género que por esas horas analizaban los ataques tan irracionales como canallas hacia la presidenta, a quien intentaban mostrar como la mismísima reencarnación de Isabelita.

Los amigos redistribuyeron la carta abierta de Beto Laría a otros mails y estos a otros; inclusive circularon entre los periodistas del diario Río Negro y los restantes diarios de la región. En el lapso de 24 horas recibí a mi casilla personal unos 50 mails con el mismo contenido.

En la carta abierta aparecían elementos que ponderé: está escrita por un psicólogo, elige un estilo directo y que intenta hacer doler tanto como había dolido el escrito que lo generó, un estilo que cualquier periodista- incluso yo- limaría; escrita  también por un militante que conoció el exilio; y un dato que no es menor, un accionista del diario en el que la periodista Alicia Miller es pro secretaria de redacción. No es menor en sentido que refleja que hay accionistas del diario que no comulgan con la línea que sostiene el diario hace años definida por uno de estos accionistas como “tenebrosamente neoliberal”, dato que no sorprende a ningún lector espabilado.

Primero: la carta abierta no está escrita por un periodista, está escrita por un psicólogo. Segundo: está escrita por alguien dolido y que intenta expresar un dolor que lo excede en lo personal.

Yo había  leído la nota de Alicia Miller y de prácticamente a todos los columnistas del diario del día 28. En honor a la verdad no pude terminarlo, soporté hasta la nota de Carlos Torrengo; claro que ya había leído a Rosendo Fraga y toda la prensa opositora  y mi capacidad de digerir todo eso estaba colmada; porque – no es posible soslayarlo- en Argentina desde el día que asumió Kirchner (recordemos la opinión de Claudio Escribano vaticinándole a Kirchner un año de gobierno) y más aún después de la 125,  directamente se regresó al periodismo faccioso.

Por esas horas yo también necesitaba duelar y resolví por ese solo dato, no escribir.  Iba a dejar pasar algunos días para ensayar algo con otra mirada, la que me guía desde hace 20 años en este oficio: “ni reír, ni llorar, entender”.

Laría eligió otro camino. Hablar desde su dolor y desde su bronca.

Como hace años adopté la perspectiva de género, no podía dejar de ocuparme de la nota de Alicia Miller, sobre todo porque escribe en el principal diario de la provincia; el mismo diario en el que yo escribí los últimos 23 años.  Porque es una nota misógina, porque sostiene sin ningún fundamento científico que la presidenta es bipolar, tomando como dato de esa enfermedad un simple desmayo,  error grave en una periodista de su experiencia y de sus muchos años. Cristina, para Miller, es apenas un invento de Néstor y en esta línea responde con su voto “no negativo” a la pregunta que le da el título a la nota “¿Es débil Cristina?”.

Ahora bien. La opinión de Miller es eso, una opinión. Y en el juego del periodismo se admite que si uno opina, puede haber otro que opine en contrario. De otro modo optaría por escribir sin firmar, entrevistar, usar pseudónimo, una serie de recursos que el periodista tiene para tomar distancia de lo escrito. Miller eligió opinar. Su nota tiene ese valor. Y Laría eligió opinar. Consideré que ambas opiniones tenían igual valor. Y en todo caso, era un error del diario no reflejar la última, al igual que no dar cauce a las  llamadas y mensajes de la gente  que llamó y escribió al diario acusándolo, entre otras cosas, de ser “gorilas”.

Laría me pidió que publicara su Carta Abierta. Le pregunté varias veces si quería hacerlo realmente. Si no quería dejar pasar algunos días. Me preguntó mi opinión sobre el estilo. Le dije que yo hubiese dicho lo mismo pero de otro modo. Pero él reafirmó su deseo de optar por el formato “Carta Abierta”, pues la carta ya había sido enviada a la aludida, pero era necesario abrirla para que el debate tomara forma.

Consideré que el texto tenía que salir en mi blog Hijas de Eva, un blog que creé hace  ya 3 años para tener un espacio para los temas de la denominada agenda de género.  Un blog abierto, sin censura, por el que no cobro (lo aclaro porque me lo preguntaron) y que llamativamente inauguré con una nota titulada “Ella y el campo”, una nota que no fue publicada en el diario Río Negro pero sí publicó  el diario Página 12. Un blog que asume el juego de un  recurso tecnológico que vino a trastocar todas las reglas periodísticas que aprendimos en la facultad.

Le comuniqué mi decisión de hacerlo al Secretario de Redacción, Italo Pisani con dos argumentos: uno, la opinión de Laría valía tanto como la de Miller. Dos: la carta está circulando y  sería publicada por otro  medio. La subí, pero a los 5 minutos de haberla subido, Beto me pidió que quitara una oración y cambiara dos palabras.  Lo saqué y mientras esperaba la nueva versión, un blogger lo pescó y dijo que el “Río Negro” había censurado la nota. En rigor no lo hizo. Pero asumí lo que significaba publicarla.  No sólo que podía ser censurada, también pensé que era factible que el blog desapareciera. Al menos en su versión  conocida, es decir, con un acceso desde este diario.

En ese increíblemente corto impasse, el Secretario de Redacción me contestó en un escueto mail su parecer sobre ambos escritos. Simultáneamente varias radios hablaban de lo sucedido y varias otras entrevistaban a Laría.

Está claro que hace 20 años el escrito de Laría hubiese quedado tirado en un cesto de basura de la redacción de cualquier diario. Es políticamente incorrecto.  Pero  eso es hoy inviable. Fueron suficientes 5 minutos de unas palabras subidas en el océano de la web para que ese escrito tomara vida propia. Porque fue eso lo que ocurrió.  Fue un mensaje en una botella que alguien encontró. Razón por la cual, decidí dejar que lo sucedido siguiera el camino natural para poder observar el fenómeno comunicacional que suscitaba.

Fueros tristes estos días. Tristes y crueles. Como lo fueron otros momentos de nuestra intensa historia. No caben dudas que el poder de los monopolios periodísticos no es el que era. Desde que las nuevas tecnologías existen, ocurren profundas transformaciones en estos enormes aparatos de poder.

Mantuve durante años una relación si se quiere afectiva con el diario “Río Negro”. Es el diario centenario y el más importante de la región. Con habilidad informó a todo el espectro ideológico de la población de Río Negro y Neuquén durante un siglo (mérito en sí mismo), lo leen pese a no comulgar con las ideas que defiende, simplemente  porque es el diario local y por hábito. En él se cumple esta máxima del periodismo “siempre es más importante lo más cercano que lo más lejano”, razón por la cual se sigue comprando, pese a que también ejercita el periodismo faccioso. Conozco su línea editorial y su historia desde el día de su fundación, destaco sus aciertos y critico posiciones, opiniones y ediciones en mi carácter de lectora y de periodista free lance desde 2002 a la fecha.  Siempre lo hice así.  Y esto no me fue gratuito.

La carta de Laría incitó a este  necesario y postergado debate. Es un formidable  ejemplo de cómo se hace periodismo hoy.  Un periodista opina y hay una respuesta inmediata a esa opinión. Situación a la que este diario centenario tendrá que acomodarse para no dilapidar el capital que acumuló durante un siglo. No hay inimputables. Los medios deben ser espacios de debate, aún cuando suelen ser cloacas en donde se expresan valoraciones agraviantes y agresivas hechas por periodistas y por lectores en distinto estilo. Las que tenemos años en esto lo sabemos.  Como sabemos que la “ética” que proclaman y exigen algunos periodistas  no es tal cuando no se muestren todas las voces del concierto de la realidad.

Los últimos días fueron un escenario peculiar.  Donde convivieron odio y amor en igual proporción. Esos increíbles momentos de la historia que todo lo iluminan.  En la plaza y acá, en el pago chico. Durante años, la prensa en general y los medios que ostentan una posición dominante, en particular, ocultaron algo que mostró la plaza. Pero “la realidad es un potro salvaje, al que no se puede domar”, decía G. H. Hegel, y hoy no es posible ocultar sin ser sorprendidos en el intento. Siempre pensé que en Argentina debíamos juzgar a los medios por lo que callan más que por lo que dicen.  Lo sigo sosteniendo.

Susana Yappert

Fuente: http://elconjuro.blogspot.com/