Categorías
Regiones

La casa natal de Rodolfo Walsh en manos de multinacional.

En la localidad de Lamarque, Río Negro, un museo exhibe el acta que acredita que allí nació Rodolfo Walsh, uno de los grandes referentes del periodismo en la Argentina. También en ese lugar existe todavía su casa natal, que en 2002 fue declarada patrimonio cultural pero que sólo puede ser visitada en los días y horarios en que lo permite la empresa Expofrut, dueña del terreno.
Walsh nació el 9 de enero de 1927 y fue anotado en los registros como un bebé oriundo de la isla rionegrina de Choele Choel. Quince años más tarde, las autoridades patagónicas dividieron esa isla en tres localidades: desde entonces, se puede precisar que Walsh nació en la localidad de Lamarque, vecina de los municipios de Luis Beltrán y de Pomona, mientras que Choele Choel pasó a ser la ciudad más poblada de la zona, a 19 kilómetros de Lamarque.
Antes de ser enviado a un colegio de monjas irlandesas y de quedar pupilo en una congregación de curas –también irlandeses, como su ascendencia–, la infancia de Walsh transcurrió en una casa ubicada en el medio de la Estancia El Curundú, donde su papá trabajaba de mayordomo. “Es una estancia de las viejas, en el medio de un casco, y tiene 800 hectáreas. La casa es como una herradura cuadrada, con un jagüel en el centro, donde los corredores antiguos forman una ‘u’. Tiene piso de madera y techo de pinotea”, describe a Tiempo Argentino Sergio Hernández, intendente de Lamarque, y detalla que, “en los años ’90, la compró Expofrut, una de las mayores exportadoras de frutas y hortalizas del país. La casa está muy bien mantenida, pero para llegar a ella hay que atravesar varios kilómetros de producción, entre manzanas, peras, ganado y tractores.”

La frutícola Expofrut es dueña de la estancia El Curundú. En ese lugar se encuentra el hogar donde el periodista pasó sus primeros años. Por ley, es patrimonio cultural, pero el acceso sólo se permite en días y horarios específicos.
En 2007, 30 años después de que el autor de Operación Masacre desapareciera en plena dictadura de Jorge Rafael Videla, vecinos y maestros de Río Negro armaron una comisión para conseguir que cualquiera que lo deseara pudiera entrar a la casa natal de Walsh. Néstor Silva, docente de Luis Beltrán, encabezó la movida: “En Lamarque, ya teníamos una plazoleta con su nombre y un museo con sus recuerdos, pero nos parecía importante que la casa pudiera ser visitada abiertamente.” En paralelo, desde Buenos Aires, se armaba una gestión similar: la abogada Florencia Arietto, presidenta de la ONG Arde la Ciudad, se reunió con el escritor Osvaldo Bayer y juntos hicieron fuerza por la misma cruzada. “Soy fanática de Walsh –dice Arietto– y consideraba que su historia quedaba incompleta si no se podía visitar la casa donde pasó su infancia. Porque Rodolfo no era el porteño montonero. Era un pibe de pueblo, de la Patagonia. La empresa no nos dejaba pasar, entonces juntamos firmas de artistas y referentes para presentar en la intendencia.”
El 8 de junio de ese año, Bayer, Arietto, el docente Silva y hasta Patricia, hija de Walsh, participaron de la inauguración de la casa como museo y colocaron una placa en la entrada. Hoy, la página web del municipio asegura que, tras el trámite de 2007, se puede “visitar la casa y recorrerla con comodidad”. Pero los seguidores del escritor no dicen lo mismo.
“La empresa negoció conservar la casa y permitir que la gente la vaya a ver, pero en horarios precisos y con custodios armados”, precisa Arietto. Silva suma su experiencia: “El 30 de enero fui con mi esposa y una compañera de Buenos Aires a visitar la casa del escritor. En la estancia nos atendió un policía de la provincia, que custodiaba el ingreso, y nos contestó que la entrada sólo se permite con autorización. Uno de los agentes se alejó para hacer un llamado y volvió diciendo que debíamos realizar una solicitud a la casa central de la empresa, lo que provocó nuestra indignación. Queremos que la casa natal de Walsh sea un espacio público y sabemos que hay veces que los trámites para ingresar demoran hasta tres meses”, reclama.
Hernández, intendente de Lamarque, se muestra molesto: “Eso es mentira. El que quiere ir, llama al municipio y nosotros lo llevamos. Tenemos permisos para sábados, domingos y días conmemorativos. Todos la quieren expropiar pero nadie presenta un proyecto serio. Esta empresa les da trabajo a 1200 personas en nuestro pueblo y eso mueve la economía. Si yo tuviera la plata, vería la forma de armar un puente para separar la casa de la estancia, pero no la tengo.” A lo cual Arietto advierte: “No se necesitaría un puente muy largo”, y sugiere: “podríamos buscar alguna empresa dispuesta a financiarlo. Ahora, con la excusa de la propiedad privada, cuando la empresa no quiere que alguien pase, cierra y listo.”

Fuente: Florencia Halfon-Laksman