Mañanas de trompeta

Hace ya varios años que vi los goles de Mario Alberto kempes (El Matador), era 1978. Yo con mis 7 años recién cumplidos, casi paralizado veía como en mi pueblo también se festejaba después de cada partido, las calles eran una sola bandera, todo era alegría.

Este recuerdo casi en super 8 me llego rápidamente luego de que este domingo, cerca de las 9 de la mañana escuchara en mi barrio el sonido de una trompeta de plástico, esas que conocimos durante el mundial 78.

Videla desde el balcon

En mi pueblo, en Beltrán, había un hombre al que le decían el Chilo, el no la pasó tan bien después de ganar el mundial, creo que fue pisado por uno de los autos o camionetas de la caravana. Parece que el Chilo había brindado de más, se cruzaba de lado a lado de la calle, la calle Avellaneda, la del kiosco de Harold, pero a la altura de la verdulería de Carlitos Barrera y fue por ahí que tuvo el percance.

Recuerdo también que ese año nos tocó desfilar, era mi primer desfile junto a mis compañeros de la escuela nº 11, fue alrededor de la plaza del pueblo.  Nos prepararon bien, tuvimos unos cuantos ensayos en el playon de la escuela. Los más altos iban adelante y el que mejor desfilaba a la derecha,  el resto se tenía que alinear y tomar distancia con el brazo derecho estirado hasta el hombro de nuestro compañero que estaba delante. si habremos marcado : derecho, izquierdo, derecho, izquierdo … frente.. march…  cuando decían así te temblaba todo, porque nos movíamos y no te podías equivocar, bien adelante iba un alumno con un cartel del país al que representabamos.

Pero esto que les cuento no es lo que más me interesa decir, mi segundo grado fue alternando entre la escuela 11 de Beltrán y la escuela del Barrio Santa Clara de Viedma. Con mi abuela nos mudamos unos meses a la capital. Recuerdo que fue un viaje medio largo, fuimos en “La Puntual” una desaparecida empresa de colectivos de esa época, la cual nunca hizo honor a su nombre. La parte que más me gustaba del viaje, era cuando La Abuela empezaba a sacar la comida, unos sandwich de milanesas increibles.

Durante el viaje había una parada, sobre todo una vez que pasabamos  la localidad de Pomona en Río Negro,  siempre alguien tenía ganas de hacer un pis, de la necesidad se enteraba todo el mundo,  había que ir hasta el chofer y decirle que pare, que tenía ganas de ir al baño. Claro que el baño era re grande, pero la parte que usaban habitualmente las señoras, era atrás del colectivo, donde terminan las ventanillas, ellas creían que ahí no las veía nadie. Nunca se dieron cuenta de los espejos retrovisores enormes que tenían esos tremendo colectivos, esos vidrios permitían a los choferes disfrutar del paisaje floral y animal que se desplegaba en medio de la patagonica ruta 250.

Ya en Viedma nos instalamos en la casa de mis tios, en el hermoso y querido barrio Santa Clara. A los pocos días empecé a ir  a la escuela, me transforme en el pibe nuevo. Poco a poco empecé a encontrar con que entretenerme, varias de mis horas transcurrieron en la arena, Mis tios estaban en plena construcción de su casa, por eso siempre había arena disponible. Ellos aprovechaban los fines de semana para pegar los bloques de cemento que darían más comodidad a la familia.

En esos años estaba de presidente un tal Videla, creo que siempre tuve un angel que me protegió, porque desde la primera noche en que mi abuela dijo, “entraron los militares, dieron un Golpe de Estado”,  eso de golpe ya no me gusto nada. Un día; ese tal Videla, vino a Viedma, pero yo  no fui, me quede en la casa jugando nose con que.

Ese nene de 7 años era muy inquieto y buscaba siempre con que jugar, tratando de hacer las horas mas entretenidas. El mundial del 78 había dejado unas cuantas cosas, banderitas, muñequitos, pelotitas, banderines…, pero a mi lo que me gustaban eran las trompetas de plástico, y mis primos tenían dos, una de boca y la otra… no me acuerdo de que era , creo que de Argentina. Cuando ellos estaban en la escuela, a la mañana, yo agarraba una , salía afuera , me paraba arriba de una de las montañita de tierra y trataba de hacer sonar ese cono de plástico. probé muchas veces, pero no le podía sacar sonido, hasta que ya casi sin aliento en uno de los intentos me salio y ahí empece a practicar, ya le había tomado bien la mano y sabía como hacer para que sonara bien fuerte.

Durante un tiempo las mañanas del barrio las musicalizaba yo, hasta que un día se sumó otro sonido muy parecido, toque una vez y rápidamente me contestó. Mire para todos lados y volvió a sonar, ¡otra trompeta!, ¡y estaba frente a mi!. Una nena también de unos 7 años, con la suya. Nos separaba una calle y un terreno baldío. Su casa era larga con ventanas que siempre estaban cerradas y una puerta blanca en el costado.  Ella estaba parada justo al lado de esa puerta, bien pegada a la pared, y desde ahí la hacía sonar. Pasaron unos minutos o segundos donde quedé inmóvil mirándola, reaccione y sople nuevamente, para que sonara mi trompeta… va.. la de mis primos, y ella me respondió.

Así nos fuimos haciendo conocidos o amigos, matinales, ese encuentro se comenzó a hacer habitual y duraba unos minutos, hasta que a ella o a mi nos llamaban y sin más nos despedimos, con unas cómplices miradas prometiendo que al otro día estaríamos en el mismo lugar, yo la esperaría arriba de esa montañita de tierra, a que ella saliera y se apoyara en su pared, al lado de su puerta.

Esas mañana de trompeta duraron unas semanas, yo tocaba y ella respondía, jugábamos con sonidos largos, cortos, una vez cada uno, había que estar atento a la propuesta del otro.

Una mañana salí listo para jugar y darle música al barrio, pero ella no apareció, al otro día volví a subirme a la montañita de tierra y espere por varia horas, y tampoco, la casa estaba más cerrada que nunca. Yo miraba y me venía una sensación extraña, como que ahí nunca había vivido nadie, parecía que todo era producto de mi imaginación , la escena de algún filme que se guardo en mi cabeza en medio de ese año mundialista raro.

Recién de grande supe porque nunca más salió a jugar conmigo, un día viendo un programa de la tele donde relataban cómo eran los secuestros, recordé lo que dijo mi tia en su casa, cuando yo tenía 7 años, en ese momento no lo entendí. “¿Viste lo que le paso al de enfrente?, anoche se lo llevaron …  Dijo algo más pero no lo recuerdo.

Mi amiguita de las mañanas, esa nena de la trompeta y su familia había sido victimas de la oscura página, de ese año mundialmente doloroso. hoy a las 9 de la mañana sonó una trompeta, y les juro que  volví a estar sobre esa pequeña lomita de tierra, viendo como desde al lado de esa puerta mi amiguita de la trompeta, reía después de verme soplar, inflando mis cachetes para sacarle el son lo mas fuerte  posible e impresionar a mi espectadora exclusiva.

Nunca supe su nombre, nadie mas hablo de esa familia en el barrio, a mi me trajeron de nuevo a mi pueblo, volví sin saber que esa niña sería una de las tantas víctimas del terrorismo de estado,  esos años criminales, de esa oscura y dolorosa época…

Hoy volvió ese sonido y trajo a la memoria, esta historia chiquita, un pedacito de tantas historias y tantas trompetas calladas. ya son parte de una conciencia que debemos mantener viva, por esa nena a la cual le dejaron una espera eterna que aún hoy, con mis 43 años sigue viva…

Donde quiera que estés, no me olvide nunca de vos…  estas siempre en mis recuerdos…


Gerardo Strassner