Ocampos pidio apoyo a la producción organica

Resulta por lo menos insólita la situación en que se encuentra la productora de Allen luego de revelar que sus compradores habituales, han dejado de serlo por la coexistencia, en un mismo espacio geográfico, de actividades productivas con extracciones de hidrocarburos.

Desde el gobierno, en lugar de mostrar preocupación por el cierre de esa boca de consumo se manifestaron ofuscados por la “mala prensa”, que generaron los dichos de afectada.

La actitud correcta hubiera sido investigar y actuar sobre las causas de semejante fenómeno, estar al lado de la productora para alentarla a continuar con esa actividad innovadora de las prácticas tradicionales, ayudarla a mantener las condiciones para su producción diferenciada y cotizada.

Las producciones orgánica son, desde no hace muchos años, una alternativa más que interesante para quienes se animan a encararla y para una porción de la población mundial–minoritaria cuantitativamente, pero fuerte desde el poder adquisitivo-, que la privilegian al momento de seleccionar los componentes de sus dietas.

Dentro de la profunda crisis que sufre la producción fruticultura regional, las prácticas orgánicas constituyen un camino diferente para enfrentar a esta encrucijada. Por suerte, en la zona hay varios emprendimientos que se han consolidado y van ganando nichos entre consumidores nacionales e internacionales.

Se trata de productos que permiten lograr precios por fuera de los circuitos convencionales, eludiendo cuestiones burocráticas e intermediaciones parasitarias.

Los esfuerzos que hacen los gobernantes por consolidar como una verdad absoluta, que es viable y no agresiva la coexistencia de pozos de petróleos y gas, en medio de cuadros de manzanas, peras, frutas de carozo y aún verduras, quedan en ridículo ante ejemplos casi elementales.
Por obvio, no voy a tratar en este caso, la contaminación de los acuíferos.

Las plantaciones tienen vida, aunque no se manifiesten con palabras. Generan gestos, sufren cuando se cambian artificialmente las condiciones ambientales. Sus vidas tienen memoria genética que le permiten comportamientos normales adaptados a los ciclos naturales, como las estaciones del año, los lapsos de luz solar, etc.

También viven el mismo ritmo, las plagas que afectan a las plantaciones. Por ejemplo, si al costado de una plantación de cualquier tipo, hay un camino muy transitado y polvoriento, el impacto sobre follaje y frutos será fuerte.

Lo mismo ocurre, si una torre de petróleo o gas mantiene iluminado durante la noche con sus poderos reflectores las superficies cultivadas, el proceso de vida de las plantas y los insectos será diferente y perjudicial para las primeras.

Esto es elemental, básico. No lo entienden, solamente aquellos que tozudamente pretenden mantener verdades propias y excluyentes de otras.